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Carlos Garay y la plástica nacional

TEGUCIGALPA.- Cosas que suceden, el día viernes 19 de febrero me encontré de casualidad con Carlos Garay, encuentro muy agradable pues estaba yo con mi asistente y mi perrita “cixi”, cuando vi que se acercaba Carlos y su hija Isabel, nos saludamos y reparando en mi mascota me dice “deberíamos emparentarnos, yo tengo un perrito “pelusa” , al mismo tiempo que me mostraba la foto del chuchito en su celular, después de reírnos un rato, pues las dos eran hembras, continuamos conversando.

Igual, le dije, hace tiempo quiero conversar con usted para visitarle y publicar algo en Comentarte, inclusive le mandé a decir con José Mauricio su sobrino y también artista de la pintura, a lo que me contestó : “Con todo gusto, solo que me arrecha que me estén matando, pues lo primero que me preguntan es que si estoy grave, que si ya me voy a morir” a lo que repliqué diciéndole: “pero si usted se ve tan sano y contento” y era cierto, pues el Carlos Garay que yo recuerdo siempre era el que estaba frente a mí, erguido, saludable, inquisitivo y sonriente. Quedamos de vernos a la semana siguiente.

Mi sorpresa fue cuando el lunes en horas de la noche el artista Gustavo Armijo me avisa que Carlos había fallecido en la tarde del lunes 22… Para cumplir con mi palabra conversé con su viuda “Suyapita” y me recomendó hablar con su sobrino José Mauricio a quien Carlos crió como un hijo, siendo esta una de las características más valiosas del artista, él siempre dio cobijo a ahijados, sobrinos, apoyando en sus estudios a hermanos y hermanas y no solo eso, con los artistas se proyectaba proporcionándoles materiales para su producción, impulsando a muchos como Jorge Ferman, Joel Castillo, Leary, Mauricio Pérez, Ramón Garay y otros más.
  
Conocí al artista Garay en Ojojona en los ochentas cuando recién inauguraba su casa y esta se volvió punto de encuentro los fines de semana para publicistas, artistas, escritores, diplomáticos, poetas, músicos y gente bohemia de la época, inclusive la gente de la localidad le pedía prestada su casa para festejar acontecimientos como bodas, cumpleaños y cuanto evento importante se diera, en la misma casa puso su galería Arcoíris, atrayendo más visitantes los fines de semana y contribuyendo a que Ojojona comenzara a figurar como otra opción turística de fin de semana para los de Teguz.
  
El libro “El banco Atlántida en la historia de la pintura hondureña”, una de las pocas guías serias del arte en Honduras con los puntos de vista de doña Lety de Oyuela y Juan Domingo Torres, comenta que “Ha sabido escalar por esfuerzo propio un lugar privilegiado en el movimiento plástico de Honduras, figurando como el más alto exponente del paisajismo hondureño” y es que según me comentaba José Mauricio, el tío Carlos le contaba que a los doce años pintó el Escudo Nacional y cuando iba por la calle ofrecieron comprárselo a lo que accedió y fue cuando decidió que a dibujar y pintar se iba a dedicar, ingresando a la Escuela Nacional de Bellas Artes de donde al egresar siguió incursionando en la figura femenina y el paisaje, el cual perfeccionó con una técnica muy personal utilizando la espátula y produciendo los paisajes más bellos que la campiña hondureña le proporcionaba, con un colorido y exuberancia que ya no se mira en nuestra naturaleza, pero que Garay siguió reproduciendo muy fielmente, situación que también le trajo críticas pues se decía que se los inventaba; pero era el recuerdo fiel de tantos años trabajando al aire libre “plein air” para impregnarse de los efectos de la interacción de los colores y en la reflexión de la luz en su querida Honduras.
 
Siempre supo cotizarse muy bien y aceptar el apoyo que personas que valoraban altamente su arte, le proporcionaban, gente como Paul Vinelly, Clementina Suárez, Ivonne Marcheti, Leticia de Oyuela, y Bonnie de García, entre otros. Jacobo Goldstein le organizó una expo en Washington, DC, donde en compañía de José Antonio Velásquez fueron considerados los dos pintores más importantes del siglo XX en Honduras por la Enciclopedia Británica de 1986.
 
Sus pinturas circularon por el mundo contribuyendo a la imagen turística del país gracias a que el Instituto Hondureño de turismo y Jacobo Goldstein mercadearon estos afiches en cuanta feria de turismo hubo, así como embajadas y países pudieron, llamando la atención de la CBS para realizar un documental del paisaje hondureño y el arte de Carlos Garay, varias cadenas de tv de Europa hicieron lo mismo invitando a Garay a exponer en Berlín, Estocolmo, Roma, México, DF, Caracas, y muchas ciudades más, auto financiándose él mismo, sin representantes, ni gestores, pues no le gustaba prestar su obra ni consignarla, pues tenía sus ideas muy propias acerca de corredores y galerías.

 El arte siguió su camino en Honduras y el paisaje fue objeto de crítica por nuevas corrientes y eso no le afectó pues siguió promoviendo su obra más que antes y mucho más del exterior donde era de sobra conocido, de estas situaciones y otras comentaremos el próximo martes.

No olvide que puede recomendar a sus amigos leer este Comentarte en latribuna.hn o en mi web.

www.rogersilvaperez.com 
roger_silva805@hotmail.com


Articulo del artista publicado en LA TRIBUNA



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